Transparencias urbanas. / por Miguel Ángel Rodríguez
La ciudad en los ojos de Teresa Lascano.
Los estudios sobre estética de los últimos cuarenta años revitalizan las palabras alemanas verstehen y weltschaung. La primera puede traducirse empleando el verbo castellano comprender, en tanto que la segunda encuentra en la frase visión del mundo una aproximación adecuada a su significado original.
Comprender emerge como manera apropiada de abordar las artes, pues quien comprende elabora convivencias equitativas entre razón, voluntad y emoción.
La comprensión, entonces, constituye una forma particular de incorporarse al pensamiento sensible. Sin pretender fragmentar o dividir, quien comprende pretende el todo, y lo pretende sin abandonar los aspectos volitivos, sensibles y racionales.
Esta búsqueda del todo, que es un modo específico de captar la obra sin descuidar todas sus dimensiones, se manifiesta como el método apropiado cuando deseamos conocer la visión del mundo que un artista porta.
Cuando me relaciono con los trabajos de Teresa Lascano no dudo en involucrarme de forma comprensiva. Me permite conocer la visión del cosmos que propone. En este sentido, deseo subrayar algunos aspectos innovadores presentes en sus obras.
Los velos en la pintura
En principio, es sobrecogedor el empleo de pincelada sobre pincelada, a manera de velo tras velo. La superposición de transparencias resultante no debe escapar a la percepción de quien observa. Estas capas finas, muy delgadas, generan espacios luminosos, sumamente profundos que ablandan lo figurado. Y lo figurado, por lo general, son superficies duras de cemento, hormigón y acero. Este ablandamiento de lo duro da que hablar.
Los muros y las paredes, velo tras velo, transparencia sobre transparencia, pierden la cualidad de construcción sólida, fría e inescrutable. Su específico poder divisorio desaparece.
Tales construcciones se transforman en elementos fundamentales de una "polis" que puede pensarse como ámbito de interacción antes que sitio de exclusión.
Las veladuras en Lascano recuperan imágenes urbanas presentes en la historia de la cultura. Indiscutidas bases del pensamiento, como los utópicos del siglo XIX, releyeron lo urbano, visualizando a la ciudad como posible puerta o puente a utopías, antes que infierno o sitio de calamidades interminables.
Estas imágenes de la cultura, reedificadas en las pinturas que nos convocan, renuevan el poder de la humanidad para consigo, un poder que permite revertir nuestras más insoportables situaciones. Es por eso que la obra de esta autora me sugiere un indiscutible humanismo trascendente, logrando que nuestro ser reconecte con el espíritu utópico que jamás debimos haber dejado.
De círculo en círculo
El soporte de algunos cuadros es circular. En general son figuraciones urbanas dispuestas de forma concéntrica. Es importante señalar que pueden leerse de diversas maneras, de modo que si los colocamos sobre puntos móviles, logrando que las obras giren en torno a un eje central, las lecturas serán múltiples, así como válidas. Esta cualidad de las obras multiplica su potencia. Si de por sí son mándalas por derecho propio, esto es, mapas complejos que trascienden la mera ciudad, permitiéndonos reflexionar sobre las fuerzas que regulan el universo, el poder girarlos nos introduce en múltiples variantes de un mismo mapa, volviendo crítico el estado intachable de la subjetividad personal: un mismo mapa se ve diferente según la posición que ostente. Un objeto es alto o bajo dependiendo de la altura del observador.
No obstante, el giro de estos mándalas abre posibilidades a planteos que atraen a occidentales y orientales, a filósofos, científicos y religiosos: ¿qué es el tiempo?, ¿cómo es?; ¿es lineal, circular o posee espiras?; ¿todo se repite?, ¿podremos atravesar dos veces el mismo río?.
Superación de los límites
En esta oportunidad, en las tres series que Teresa Lascano nos presenta (Tramas; Tramas urbanas; Casi de Marruecos), el espíritu primero y último es el de la unidad. Esta palabra, una constante en términos plásticos y humanísticos en su trayectoria, implica la coexistencia de lo diverso y distinto.
Los reinos de Marruecos y España, así como la República Argentina, están presentes en estas imágenes cosmopolitas, profundamente universales.
Reflexionar en torno a la paz y la convivencia entre los pueblos es uno de los propósitos de las obras aquí presentes. Paz y convivencia que involucran la perspectiva de género.
Los límites -claro está- son superados, alimentándose nuevos despliegues de libertades que nos constituyen y deseamos profundizar.
Miguel Ángel Rodríguez, noviembre 2007
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La
Ciudad -Teresa Lascano.
La ciudad que crece en la necesidad de las rigurosas moles geométricas
de su arquitectura utilitaria, da origen a una visión con
ineludibles formulaciones para el cambio de concepto plástico
para fijarla. Esa característica tenía -tiene- que
vivir la alternativa de constituir formas y colores, composición
y detalles, de la pintura. Y una de esas manifestaciones es la que
se ofrece en la exposición que Teresa Lascano ha montado
en la galería Zurbarán.
Es la ciudad diagramada a violentos contrastes entre la luz y la
sombra, sin penumbrosos intermedios ni sensibleras degradaciones.
Una técnica de aplicación planimétrica del
color recortando los perfiles al aire del convento y el puente,
de la terraza o la Plaza San Martín, así como de unas
sillas que parecen haber sacado sus formas a tomar sol o el entramado
dibujo de una reja.
Arida, ardua es su tarea de síntesis , y sobre todo ingrata
porque debe despojarse de todos los aderezos que podían favorecerla
en la calle de la comunicación con el espectador, y porque
así desnutrida de apoyos sentimentales, su pintura se acerca
más al esquema que a la explicación. De ahí
a la metafísica de De Chirico no hay más que un tramo.
Afronta su decisión sin vacilar, sin buscar refugio en la
complacencia pintoresca de los temas que enfoca, y por momentos
la suya es una visión aérea de nuestras más
tumultosas calles.
El de Teresa Lascano es nombre nuevo en nuestras galerías,
retenido especialmente, no obstante en los recientes salones nacionales,
por el impacto de su modalidad. Pero no hay duda de que con tan
poco ha conseguido ya mucho, como es el haber impuesto una visión
de la ciudad que una vez descubierta, entra a formar parte de esa
nomenclatura emocional que es la memoria del porteño que
constata, como aquí ocurre, la implacable evolución
de formas que el arte descubre para hacerlas amables.
Eduardo Baliari, El Economista, Mayo '83.
El difícil lenguaje del "assemblage"...
"El término "assemblage", dentro de las artes
visuales, indica la conjugación, sobre la superficie de trabajo,
de elementos heterogéneos (materiales diversos, además
de los considerados como tradicionales en el uso plástico),
armonizados y homogeneizados tanto por la destreza técnica
del creador, como por su inspiración estética. Al
ver los trabajos de Teresa Lascano se debe reconocer que consigue
holgadamente esos objetivos. La pintura, al recubrir las distintas
superficies en juego, cumple en este género de obras con
un papel fundamental.
Es el factor de homegeneización. Y si Teresa Lascano no exalta
la paleta, se debe a que tiene plena conciencia de los riesgos que
derivarían si lo hiciera. Ya que lo que forma parte de un
"assemblage" es por naturaleza, heterogénea, y
le convienen, en consecuencia, las tonalidades bajas, para evitar
cualquier asomo siquiera de discordancia. La artista cumple con
esa premisa, por fuerza obligatoria, y de allí lo netamente
satisfactorio de sus trabajos. Que hablan, en su contenido -e incluso
en sus denominaciones- de ilimitada ansia de libertad.
Y es curioso que esto trascienda, precisamente, a la naturaleza
de obras que, en un sentido, están férreamente condicionadas
por lo material, o mejor dicho, por los materiales de los cuales
están hechas. Capacidad creadora, inventiva -una de las formas
de la alquimia interna del creador- no le faltan."
César Magrini, "El Cronista Comercial"
Agosto '88
Ciudades Imaginarias.
El entramado de las ciudades ha sido el tópico preferido
por pintores y arquitectos. En él se asentó el pensamiento
utópico de las primeras vanguardias. Ellas construyeron la
imagen urbana de un futuro feliz, donde el sol reflejara en cada
articulación espacial.
Teresa Lascano (1947) presenta en la galería Zamora, Guido
1831, posibles imágenes de ciudades imaginarias. La forma
circular radiante solar -al igual que la del constructivista Torres
García- ilumina espacios que estructuran una trama pictórica
de la ciudad. Trama cortada por rectas y diagonales cubiertas de
una materia coloreada, a modo de vitraux, que transmite una imagen
armónica del espacio.
Lascano se inició en el informalismo, movimiento que tuvo
sus representantes en el país en la década de los
60. Recibió del gran maestro César López Claro
el amor por la materia y el "collage". Destacan sus obras
pequeñas "La Huella", "De cal y arena",
donde hace alarde del uso de materiales no tradicionales.
Trípticos de tela y bastidor con aplicaciones de cartón
corrugado, son de una interesante resolución. Como innovación
de su repertorio, se destaca la última obra, en la que la
historia familiar aparece como soporte temático. Libros Papeles
veteados, textos científicos, microfotografías, fueron
usados para crear una original visión dentro de un planteo
general constructivo.
Rosa Faccaro, Clarín, Septiembre '98.
Teresa
Lascano es una pintora argentina de larga trayectoria y de infinitas
facetas artísticas que responden a su ansia de libertad y
tendencia a explorar formas, estilos y medios en búsqueda
de un dinamismo artístico original y de sello propio. No
vamos a entrar a hablar de “influencias” heredadas que
interceptan sus obras, ni de posibles movimientos plásticos
argentinos con los cuales podría identificarse la pintura
de Teresa. Esa es tarea de críticos, especialistas, galeristas
o historiadores del arte.
Por lo general cuando se escribe y comenta la obra de un artista
interfiere el comentario crítico del experto o del marchand,
muy pocas veces aparece el punto de vista del coleccionista desinteresado,
de ese ciudadano de a pie que siente el placer del buen arte en
sí mismo y se entusiasma ante una obra que, de ser posible,
se la llevaría a su casa. Es con este criterio que me arrimé
a la pintura de Teresa Lascano, a sus ciudades imaginarias, a su
mundo peculiar de imágenes y amplificaciones que toman las
formas de grandes estructuras edilicias como si nos encontráramos
deambulando por bloques monumentales donde aparece una perspectiva
del Corte Inglés, insinuaciones del puerto o barrios de Buenos
Aires, o fragmentos de una plaza hispano-árabe de Ceuta .
A esta ciudad colonial acude Teresa con frecuencia, para agudizar
su retina porteña y entonar sus colores y texturas, ensambladas
en un constructivismo que, se ha insinuado, es rioplatense a la
manera de Torres García pero que, a mi gusto, no tiene nacionalidad
determinada, como quien recorre libremente por Internet en busca
de estructuras y mundos abiertos para toparse con volúmenes
que inspiran ciudades de mega-construcciones. Es éste, a
simple vista, un constructivismo de grandes pirámides que,
luego descubrimos, provenían de su pasión fotográfica
y del arte digital.
Grande fue mi asombro cuando Teresa me permitió ver que sus
grandes moles nacían de un pequeño detalle en una
pantalla, o de un rincón iluminado en una simple fotografía
de su cámara digital. Ese encuentro me dejó la sensación,
aparentemente paradójica, que de una historia u objeto mínimo
surgía una composición gigantesca y abstracta, un
“blow up” que modificaba la composición original
hasta perder su identidad de origen. Había algo fascinantemente
frío y despojado en las ampliaciones que llegaban a la tela
y, de tanto en tanto, recogían un objeto, flor, rama o ventana
que conectan al espectador con la vida cotidiana. Era como si, por
medio de ellos, volviéramos a tocar cable a tierra.
Y es que en la pintura de Teresa, en su Serie Ampliación,
se transforma en espacios comprimidos, en estructuras que toman
personalidad propia en medio de líneas y colores que interceptan
el espacio arquitectónico, con una etérea bailarina
de Degas a sus pies, humanizando las luces y sombras cilíndricas
y rectangulares. Estas magníficas formas, luminosas pero
despersonalizadas, parecerían rellenar una ciudad metálica
de complejos vacíos, donde se trabaja pero no se vive. Su
técnica mixta en macro detalles nos devuelven al contacto
con la materia natural que amasan los dedos desde tiempos primitivos
y que solo un ojo fotográfico perspicaz es capaz de percibir
en su textura prístina y utilitaria.
Sin duda, las técnicas digitales dejan su huella en las imágenes
de Teresa que, más que un acercamiento al fragmento humano,
crea rincones de inmensos espacios geométricos, muros blancos
u oscurecidos por sombras, líneas y colores que interceptan
el espíritu del espectador con una sensación inquietante.
El visitante llega a ser parte del ensamblado magistral despojado
de apoyos humanos. Se encuentra parado entre moles que insinúan
catedrales de vidrio y metal, edificios cubistas que no inspiran
intimismo sino un dramatismo casi hierático de grandes construcciones
inamovibles y solitarias en el tiempo, que pueden deteriorarse pero
conservan su misterio interior para el futuro. Son las tonalidades
bajas las que reconcilian el ojo humano para no herir el dinamismo
visual del caminante y suavizar la armonía de las formas
panorámicas que contempla embelesado. Suspendidas en un tiempo,
que no es nuevo ni viejo, sino de todas las épocas, hay algo
clínicamente distanciador y universal en este constructivismo
fascinante de Teresa Lascano, de capacidad creadora insuperable,
movilizadora de un lenguaje plástico moderno y luminoso,
pero que no tiene explicación más allá de la
composición que intentamos descifrar.
La pintura de Teresa Lascano, como ya se ha insinuado, es para degustadores
de tendencias actuales y también para los descubridores de
lo primitivo ensamblándose con lo moderno, oscilando entre
lo nimio y lo universal, abarcando completo, de punta a punta, el
arco histórico de la experiencia humana. Estos fragmentos
piramidales de su obra, nos invitan a comprender su realidad vivida,
su sensibilidad estética, desarrollándose a lo largo
de años de persistente labor de taller. Nos inducen a descubrir
cómo opera en ella ese núcleo humano que es la gran
ciudad a la que le da su barniz y brillo, su compostura y reverberación
personal constructivista “una suerte de dialéctica
entre lo particular y lo general, entre el todo y la parte”
como dejó dicho en una nota Astor Ballada, para la revista
de Aerolíneas Argentinas en enero de 2004.
Dra.
Marta Campomar
Fundación Ortega y Gasset – Centro Cultural Borges
Indagaciones urbanas
Como toda ciudad que se precie de tal, Buenos Aires guarda estimulantes
secretos detrás de las fachadas que casi desinteresadamente
anuncian la existencia de casas y edificios. Bajo esta lógica,
sobre la calle Báez, en plena zona de “restaurantes
con estilo” en Las Cañitas de Palermo, encuentra su
lugar en el mundo Teresa Lascano, una artista plástica con
predicamento bien propio, a la que los reconocimientos no le son
ajenos. De hecho, Lascano expone continuamente su obra en diversos
ámbitos nacionales e internacionales y participa con suceso
en los más prestigiosos salones de arte de la Argentina.
Con sólo ingresar a la casona que habita con sus tres hijas
(dos de ellas dedicadas a la música, la otra, una incipiente
cineasta), la sensibilidad artística toma por asalto a los
humores traídos de la calle. Pronto, entre recuerdos de viajes,
un piano y sus partituras, las obras que de ella habíamos
visto hasta entonces en importantes galerías de arte, catálogos
e Internet, adquieren una nueva dimensión. Se presenta entonces,
la posibilidad de recorrer su arte bajo la atenta intervención
de la autora.
Sobre su vocación, al poco de conversar nos dirá que
surgió como una necesidad de expresarse cuando tenía
20 años. Así, en el lenguaje pictórico encontraría
una vía para emitir su mensaje, que pronto comenzaría
a evidenciar su talento gracias al consejo de maestros como Honorio
Vivas, Domingo Méndez Terrero y César López
Claro. De este último, heredó la intención
informalista que lleva a cabo a través de sus ensambles,
donde objetos de la cotidianeidad como postigos, alambres y postales
viejas armonizan con la pintura. Nos cuenta al respecto: “Me
pasa de ir por la calle y rescatar cosas tiradas. Es como si aparecieran
en el momento preciso; porque, luego, cuando compongo la obra, objeto
y pintura van armando el discurso”.
Discursos, mensajes, que no suelen ser explícitos pero que
siempre están presentes en su obra. Tanto como la paleta
baja que también la caracteriza. Sobre esto nos dice: “cuando
hay estridencias, siento que los colores se anulan”. Entonces,
decimos nosotros, Lascano logra ahondar en la concepción
de una ciudad latinoamericana alejada de la imagen tropical que
muchos tienen en el mundo.
Otro rasgo característico de esta artista está relacionado
con una escuela de gran tradición rioplatense, el constructivismo.
De singular manera, sus óleos parecen reinterpretar aquellas
edificaciones urbanas de Torres García. En ellos, una insistente
fragmentación se pierde en el imaginario, tal cual transcurre
la vida urbana. Allí está su serie Ciudades, manifestándose
de manera gótica y moderna a la vez, con grises y colores
tierras; en tanto se adivina al hacedor de este paisaje, el hombre.
Ya en el solar-taller de la casona, nos muestra sus últimas
realizaciones. Son óleos en los que se destaca una suerte
de dialéctica entre lo particular y lo general, entre el
todo y la parte. Algo que ya había estado trabajando en la
serie Sombras y Reflejos, cuando se detuvo a indagar en los reflejos
y contrastes que se suceden en el paso a paso por la urbe (“iglesias,
edificios, bocas de subterráneo, una avenida, un puente que
pasa sobre las vías de un tren, fueron mis modelos”).
Ahora, de manera más abstracta aborda aquel mismo enfoque.
Se vale para ello como modelo de la fotografía digital, capturando
las infinitas imágenes de un objeto (una maqueta de diseño
gráfico) que tenía olvidada desde hace años
en su taller. Nos deslumbramos, entonces, al comprobar de qué
manera la artista ha encarado el arte en su carrera. “Yo me
he movido siempre con mucha libertad. Si algo representa mi idea,
no puedo dejar de seguirla. Y en ese discurrir en el que puede haber
avances y retrocesos, el concepto creativo que uno tiene internalizado
no cambia”.
Nota de Astor Ballada, para revista de Aerolíneas
Argentinas.
Enero de 2004
En
el Bar Bárbaro
Teresa Lascano acaba de regresar de Ceuta, plaza Española
en África, allí expuso una serie de pinturas con las
experiencias de las técnicas digitales. Las imágenes
son reconstruidas digitalmente para lograr un acercamiento al fragmento,
ella habla desde el detalle que se acerca obsesivamente al espectador
descubriendo un espacio íntimo, un recodo, una vuelta, una
textura, que solo la prolongación del ojo de la cámara
fotográfica puede realizar. La foto digitalizada articula
los minúsculos rincones del alma constructiva.
Estos nuevos espacios de ciudad, es la mirada de un conocedor y
amante de cada muro, una ojiva, un sol reflejado en el blanco muro,
en el intersticio del cruce ortogonal de la arquitectura que suspira
y enciende los ojos del caminante.
Luz, color, línea, estructura, son las premisas que acentúan
el carácter de su pintura.
Actualmente expone una serie de pequeños ensamblados, de
períodos anteriores, donde la materia y el signo, nos remiten
a la inserción dentro del in formalismo, en especial de aquel
que participara con su maestro César López Claro.
Estos pequeños trabajos se exhiben en el Bar Bárbaro
de la calle Tres Sargentos 415, en un orden que va desde la vitrina
del pasillo, hasta las luminosas paredes encendidas de color tan
características de este Bar, donde el espíritu de
Yuyo, así llamamos a Luis Felipe Noé, y todos los
artistas que fueran concurrentes del mismo, le imprimió un
sello inconfundible.
Marta Fernández, la conocida fotógrafa está
a cargo de las exposiciones temporarias.
Rosa Faccaro
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